14 December 2008
Por decir algo
El capitán del vuelo CO1776 a Philadelphia dijo que la temperatura en nuestro destino era 32 Fahrenheit, unos cero grados Celsius, y que estaba nevando. Alguien que no haya vivido un invierno en el East Coast podrá soñar con ver una nevada en las calles de su ciudad. ¡Carajo, si un día yo soñé con despertar y ver las calles cubiertas por nieve! Pero ya en mi segundo invierno aquí me siento lo suficientemente veterano como para decir que esas nevadas y ese frío son de lo más jodido. Siempre me lloran los ojos. Especialmente cuando camino y el viento sopla, o más bien corta mi cara en las calles. Es jodido en serio. Y por eso cuando el capitán del avión dijo en su tono-que-quiso-ser-gracioso que el clima estaba demasiado fresco en Philly, yo no pude más que preguntarme “What the fuck am I doing there?”
La soledad hace que uno piense demasiado en voz alta. Y pensar en voz alta hace que uno siempre se encuentre solo, algo de lo que me di cuenta otra vez cuando la señora sentada junto a mí me miraba con cara de susto después del cuestionamiento que yo pensé interno pero que fue audiblemente externo, según su cara. Pero a uno no le queda nada más que apechugar en circunstancias como esas. Así que sólo la miré con unos ojos que decían, “Yes, I said what the fuck, lady!” Y ella me regresó la mirada con una que decía “Oh, my God!” o una de esas pendejadas genéricas que los gringos dicen cuando están impactados, asustados, divertidos, tristes, conmovidos, etcétera. “I guess it is not always sunny in Philadelphia,” le dije a la ruca, pero ella sacó su libro e hizo como que nunca le dije nada. Ahí fue que me di cuenta cuán largo iba a ser el vuelo. Ella leyendo una novela de amor y sospechas, durmiendo, tomando soda y sentada en el asiento del pasillo. Yo, inquieto como lo estoy ahora, esperando a que pase no sé qué, desesperado por qué sé yo, viendo por la ventana la oscuridad, el ala del avión (¿de dónde viene ese ruido que no parece normal?).
Ya estoy aquí y no ha pasado nada. No he hecho nada. Saco las fotos y recuerdo los días en la costa, su mar turquesa, los peces cosquilleando mis manos y mis pies, la sonrisa de mi madre, el abrazo de mi hermano, el cariño de mi familia. Traigo el sabor del sur vivo en la boca. La brisa contra las olas aún hace eco en los minutos previos a mi sueño. Quisiera regresar, pero tampoco sé a qué. Es sólo eso de estar flotando en medio de esa enormidad.
16 November 2008
man man show, I figured you'd probably like it
Ben me dijo, "I think we should go to this Man Man show tonight, dude." Le pregunté qué quería decir con eso de un man man show que we should go. Me dijo que era una banda de rock de Philadelphia con un groove muy chido y que era algo que me podía gustar. "If you don't want to go, I could just smoke and go by myself." Si había que fumar para ir, creo que valía la pena. Ya listos, salimos para el Starlight ballroom. Entre los mexicanos el lugar se conoce como el Polaris. Ahí son los bailes. Un concierto de rock es más barato—menos de la mitad de lo que cuesta un baile. Era Halloween y por ahí se distinguían unas güeritas que me imagino quisieron disfrazarse de indígenas fashion pero se veían como pavorreales medio putonas. Había literalmente un sandwich: una pareja disfrazada, cada uno, de pan con embutido. Los punks se disfrazaron de hipsters y los hipsters de punks. Yo creo que todos eran emos, anyway. La banda se tardó como una hora en salir luego de que un gordito se la pasara rapeando muy feo. Los tipos salen a tocar con pelucas rubias y vestidos. Traen una franja de pintura blanca en la cara, como de beisbolista o jugador de futbol americano. No traen guitarra, son pianos, percusiones y metales a ritmo de punk, a ritmo de jazz, a ritmo de gitanos, a ritmo de slam y brincos y gritos y body surfing y mucho sudar apretado entre la masa. Estuvo chido y desde entonces espero el siguiente Man Man show.
14 October 2008
Es miércoles y pasa de la media noche
Negrita, pregúnteme cuánto la quiero.
No sabré decirle, no estaré seguro,
porque lo que siento no se habla, ni se escribe:
se camina en los parques, se canta en las noches,
se bebe con cerveza y se come a sus horas.
11 October 2008
Janis
si supiera qué decirle,
y si supiera qué me va a contestar
no estaría yo aquí de chibolo
y le propondría hacer maravillas en todas las esquinas.
21 July 2008
The Dolphin
Friends came down to say happy birthday and we walked down to the Dolphin. Not a place to get shot at. Not even a place to get a shot of something. The women dancing had brown teeth and pasties and tattoos and a attitude. Girl friend gave one of them a dollar and she blew us off. Bar tender was nice, though. She wished me happy birthday and gave me a beer. "How old are you, babes?" she asked, and then looked at me in disbelief when I told her I was turning XX. Girl friend demanded I should get a lap dance, but bar tender said, "No babes, we don't that here."
"It's his birthday!" girl friend yelled.
"If we do it for him all of the others guy are going to ask for one and we ain't that kind of place," bar tender said as she left to catch two more beers for us.
29 April 2008
Ni puta idea
Se desliza la luz encima del cartel pegado a la ventana. Yo lo miro. Quieto. Pasan de las cinco de la tarde y finalmente salió el sol luego de varios días de lluvia y nubes sobre la ciudad. Ja! No tengo nada que escribir y sólo divago sin nada realmente en la cabeza. Están los textos que le prometí a D. "Te lo he dicho mil veces, necesito esos papeles antes de que Kansas se joda con el tornado". Así es D al teléfono. En persona es toda calma y el que explota soy yo pero no puedo hacer mucho, al final ella es la que me consigue los clientes y y firma los cheques con que le pago a mi casero italiano que no habla inglés y que mucho menos habla español. "Il sistema di riscaldamento", le digo. Y él responde, siempre, "ah, moito costose, fratello immigrante". Después ya no entiendo nada y termino agarrando unas pinzas, visitando a una de las vecinas—la anciana que asegura que salir a la calle es una bala en la cabeza o la mujer árabe que baila todas las tardes cuando su marido no está—, reparando una puerta, pintando una pared o haciendo algo en la calle por lo cual no recibo un descuento en la mensualidad. "Days, not money, fratello", dice el casero cuando le pido la rebaja. Siempre consigo pagar a mediados de mes y es para ese entonces que el viejo comienza a llamar a mi casa con insistencia. A los demás les cobra apenas comienza el mes. La urgencia es que ya mañana comienza mis 15 días de tolerancia y no tengo puta idea de lo que debo entregarle a D. Me dio un buen tema y ya están hechas las entrevistas y esas cosas que a veces tanto me apuran. Es simplemente que no me llega la historia a la cabeza. Como cuando te desconectan el gas: el pollo ya está adentro del horno listo para calentarse y por más que picas los botones, giras las perillas, el aparato no va a andar y te quedas sin nada. A estas alturas me daría pena admitir que no he encontrado en ninguno de mis placeres esa "inspiración" que necesito, pero tampoco voy a dejar pasar esta ocurrencia mía para refrescar el cogote. Salud.
06 March 2008
Un demonio suelto en el Museo de Arte de Filadelfia
Rebelde y receptivo. Apacible e intenso. Frágil y demoníaco. Precoz y mágico: Ave que en su vuelo borra el tiempo y en ese aletear de trazos nerviosos escribe sobre el lienzo obra y nombre—Juan Soriano.
Es así como la retrospectiva “Demonio Frágil: Juan Soriano en México, 1935 a 1950” se presentará en el Museo de Arte de Filadelfia hasta el próximo 11 de mayo. Con 16 pinturas realizadas entre 1935 y 1950—el periodo inicial de la carrera de este artista mexicano—se da a conocer el trabajo de quien es considerado como un artista seminal en la tradición modernista del arte en México.
“La muestra se enfoca en sus inicios, y esto fue hecho de manera deliberada. Fue el tiempo en que vivió en Guadalajara y Ciudad de México y estuvo en contacto con sus amigos pintores y escritores”, dijo James Sullivan, profesor de historia del arte en la Universidad de la Ciudad Nueva York y quien también curó la muestra.
Entre sus amigos, explica Sullivan, se encontraba la misma Kahlo, con quien su arte guarda similitudes que el público podrá apreciar. “Frida pintaba su realidad, lo que veía frente a ella. Con Juan Soriano pasa lo mismo, esas cosas que pintaba las veía en su cabeza, en su mundo y luego las plasmaba en el lienzo. Se puede ver un trabajo realista pero que al mismo tiempo incursiona en el mundo de los sueños”, dijo.
Esto, comentó, crea un ambiente de lo real fantástico en la pintura de Soriano que rompe con la corriente de arte político que prevalecía entre la mayoría de las figuras más prominentes de su tiempo.
“Era un rebelde que se enfocó en el arte popular y en las escenas cotidianas, cosas que podrían parecen normales”, dijo. “Pero al verlo con detenimiento se nota una complejidad que presenta imágenes que muchos sentirán lejanas con un aire familiar, de que lo han visto en algún lugar”.
La conexión entre Kahlo y Soriano es directa: ambos fueron amigos y solían exponer en los mismo lugares, comentó Sullivan.
Pinturas como “La niña muerta” o “Mi cama tiene cuatro esquinitas” ejemplifican la cotidianidad onírica de la que Sullivan hace mención.
“A pesar de ser imágenes de muertos, comunes en el México del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX, tienen esa inercia que nos cuenta otras historias que se desarrollan de manera más compleja, lo que fascina al público de hoy en día”, dijo.
Para Sullivan la oportunidad de apreciar al artista en Filadelfia es única, ya que se trata de la primer gran exhibición del trabajo de Soriano en el país. “En Europa o Estados Unidos hay colecciones privadas. Pero su obra no está al alcance del público en general y es por eso que esta exhibición es ideal para quienes quieran conocer algo más del arte moderno mexicano”, dijo.
Ese algo más al que Sullivan se refiere, es el origen, la cimentación de la corriente modernista del arte en México que se vivió con gran intensidad a partir del final de la revolución en 1920 y que duró hasta ya entrada la década de 1950.
Además de la misma Frida Kahlo, esta escuela de pintura incluye a su esposo Diego Rivera y los también muralistas David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco, que en conjunto son conocidos como “Los Tres Grandes”.
“Si a (Juan) Soriano no se le incluye dentro de este grupo, bien podría caber dentro de Los Grandes de la pintura mexicana”, dijo Sullivan.
Aves, monos, muertes, ángeles y personajes se mezclan en las pinturas de Juan Soriano, el Demonio Frágil, como fuese descrito por críticos y pensadores de su tiempo.
“Él estaba lleno de una energía nerviosa que lo hacía ir de un lado a otro: fue una persona en movimiento”, dijo Sullivan. “Su arte se llena de esas cosas que amaba, que representaron algo en su vida”.
Es así como la retrospectiva “Demonio Frágil: Juan Soriano en México, 1935 a 1950” se presentará en el Museo de Arte de Filadelfia hasta el próximo 11 de mayo. Con 16 pinturas realizadas entre 1935 y 1950—el periodo inicial de la carrera de este artista mexicano—se da a conocer el trabajo de quien es considerado como un artista seminal en la tradición modernista del arte en México.
“La muestra se enfoca en sus inicios, y esto fue hecho de manera deliberada. Fue el tiempo en que vivió en Guadalajara y Ciudad de México y estuvo en contacto con sus amigos pintores y escritores”, dijo James Sullivan, profesor de historia del arte en la Universidad de la Ciudad Nueva York y quien también curó la muestra.
Entre sus amigos, explica Sullivan, se encontraba la misma Kahlo, con quien su arte guarda similitudes que el público podrá apreciar. “Frida pintaba su realidad, lo que veía frente a ella. Con Juan Soriano pasa lo mismo, esas cosas que pintaba las veía en su cabeza, en su mundo y luego las plasmaba en el lienzo. Se puede ver un trabajo realista pero que al mismo tiempo incursiona en el mundo de los sueños”, dijo.
Esto, comentó, crea un ambiente de lo real fantástico en la pintura de Soriano que rompe con la corriente de arte político que prevalecía entre la mayoría de las figuras más prominentes de su tiempo.
“Era un rebelde que se enfocó en el arte popular y en las escenas cotidianas, cosas que podrían parecen normales”, dijo. “Pero al verlo con detenimiento se nota una complejidad que presenta imágenes que muchos sentirán lejanas con un aire familiar, de que lo han visto en algún lugar”.
La conexión entre Kahlo y Soriano es directa: ambos fueron amigos y solían exponer en los mismo lugares, comentó Sullivan.
Pinturas como “La niña muerta” o “Mi cama tiene cuatro esquinitas” ejemplifican la cotidianidad onírica de la que Sullivan hace mención.
“A pesar de ser imágenes de muertos, comunes en el México del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX, tienen esa inercia que nos cuenta otras historias que se desarrollan de manera más compleja, lo que fascina al público de hoy en día”, dijo.
Para Sullivan la oportunidad de apreciar al artista en Filadelfia es única, ya que se trata de la primer gran exhibición del trabajo de Soriano en el país. “En Europa o Estados Unidos hay colecciones privadas. Pero su obra no está al alcance del público en general y es por eso que esta exhibición es ideal para quienes quieran conocer algo más del arte moderno mexicano”, dijo.
Ese algo más al que Sullivan se refiere, es el origen, la cimentación de la corriente modernista del arte en México que se vivió con gran intensidad a partir del final de la revolución en 1920 y que duró hasta ya entrada la década de 1950.
Además de la misma Frida Kahlo, esta escuela de pintura incluye a su esposo Diego Rivera y los también muralistas David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco, que en conjunto son conocidos como “Los Tres Grandes”.
“Si a (Juan) Soriano no se le incluye dentro de este grupo, bien podría caber dentro de Los Grandes de la pintura mexicana”, dijo Sullivan.
Aves, monos, muertes, ángeles y personajes se mezclan en las pinturas de Juan Soriano, el Demonio Frágil, como fuese descrito por críticos y pensadores de su tiempo.
“Él estaba lleno de una energía nerviosa que lo hacía ir de un lado a otro: fue una persona en movimiento”, dijo Sullivan. “Su arte se llena de esas cosas que amaba, que representaron algo en su vida”.
07 January 2008
Vestigios del cambio
Debe quedar bien claro, dijo Arnaldo Correa, que en ningún momento quise robar o hacer mal uso del dinero.
Pero ya la gente lo sabía todo. Tomó el dinero del municipio y se hizo de casa, de tierras, de camioneta y de negocio. Así había sido siempre, desde que los abuelos se acordaban y votaban por otro partido y ahora todo seguía siendo lo mismo aunque los nietos votaran por otro partido, los del grupo de Correa.
Debe quedar bien claro, repitió Correa, que en mi labor siempre estuvo velar por el bien de la gente, y que si me voy no es por las acusaciones que falsamente se me imputan, sino porque debo enfocar mis objetivos ahora que ha llegado el tiempo de mi partida.
Cuando se fue muchos se enojaron pero pocos hicieron algo. Fueron estos pocos los que poco después resultaron encarcelados, desaparecidos por encontrar los lazos con los que el currículum de Correa se ataba al de muchos de los que habían subido en el acomodo tras su partida. La gente... Pues la gente dijo que todo estaba bien.... Vayaaaaa!
23 December 2007
Dificultades de la memoria
Jacinto Rivera quiso recordar los "días felices" de su infancia y adolescencia. No pudo. Dudó siquiera haber vivido esos momentos que en verdad lo hacían feliz cuando los traía de vuelta a la mente. Le pareció ridículo siquiera cuestionarse eso. Así que inseguro de su memoria se atuvo a la certeza de haber vivido esos días y sonrió al estar seguro que todo eso había pasado.
Un ejercicio para recuperar el ritmo
Por fin encontró lo que necesitaba en ese día de mierda: una mandarina dulce entre todas las amargas e insípidas que compró la noche anterior en el modesto mercado de la esquina que vende a precios nada modestos—lo que se ahorra uno en distancia, pensó, se lo gasta uno en flojera. Le irritaba la lluvia y el no poder salir. Sentado a la mesa, mientras pelaba la mandarina, recordaba salir del mercado, caminar hacia el bar que está a tres cuadras, sentir las primeras gotas caer, recapacitar y dar la vuelta camino a casa. Se excusó a si mismo primero pensando que sería ridículo llegar a la barra, dirigirse a la joven que atiende el lugar con esa sonrisa que tanto le acalambra la compostura para pedirle una cerveza y beber mientras la bolsa de mandarinas posaba tranquilamente a un lado de su vaso. Si, era estúpido a veces en sus conjeturas y especulaciones de futuros nunca llegados. Abandonó ese pensamiento—aunque decidió no olvidarse de la sonrisa—y se descubrió como un perfecto cobarde al acertar que la verdadera razón por la que no caminó al bar cuando comenzó a llover fue el temor a resfriarse. Sí, era pánico lo que le tenía al chorro incontenible escurriendo de su nariz mientras respiraba a bocanadas y el dolor en su espalda lo quebraba en la banqueta, en la silla o en el baño. Además le chocaban las sopitas y los caldos que le querían inyectar sus tías siempre que se enfermaba. No servían. Estaba comprobado. De todos modos eso no pasó esta vez y en realidad no recordaba alguna ocasión en que un resfriado lo hubiera quebrado—la verdad es que mamá siempre lo arropó bien y en raras ocasiones se enfermó.
Así que volvió a la mandarina. La peló, le quitó cada una de las tiras blancas que quedan agarradas a los gajos. Su pensar y su mirada se fijaron en las semillas. Presionaba cada pedazo y hacía que el huesito se paseara de un lado a otro dentro de la membrana. Y pensaba en el hijo que se le venía encima y en la mujer que lo tendría y no sabía si salir corriendo y perderse en las calles de la ciudad o si pedirle a ella que se dejara de juegos y se diera cuenta de que no estaban listos para criar un niño y menos en medio de “todo lo que estaba pasando en el mundo”. La frase lo hacía sonreír ligeramente. El mundo siempre había estado igual. Se acordaba de mamá contando historias de las calamidades que las nuevas generaciones enfrentarían al nacer. Pero de los sucesos que hablaba su madre no estaba seguro. Así que eso no era excusa. Presionó la mandarina y salió la semilla. Brincó a la mesa, rebotando tres veces antes de quedarse quieta. Se metió el gajo a la boca y lo masticó mientras escuchaba la lluvia arreciar su galope sobre el asfalto y la dulce acidez de la mandarina le colgaba una etiqueta superlativa a la sonrisa de la linda chica del bar con su gesto curveando entre la coquetería y la mesura, siempre idéntica a la llegada de cada uno de los clientes. Es lo que pasa cuando uno está solo. Pero él no estaba solo. Su compañía cargaba a su hijo, dos razones importantes para negar su soledad. Importantes también para acordarse que las mandarinas que compró a tres dólares la libra estaban amargas y poco jugosas y cuestionarse por qué no fue a la cantina cuando tenía tantas ganas de tomarse una cerveza aunque lloviera y no lloviera y saber por qué ahora estaba sentado maldiciendo las mandarinas, a su hijo nonato, a su mujer y quizás hasta a su madre y a la lluvia muy seguramente. Tomó otro gajo y jugueteó con la semilla que llevaba dentro. La disparó como a la anterior y cayó muy cerca de su predecesora. Nada era agradable, sólo el hecho de haber encontrado una mandarina dulce entre todas las demás agrias y secas lo hacía recordar a la mesera. Era falsa y decidió maldecirla como al resto de su pensamiento. Miró las semillas. Las tomó pensando en su hijo-en-camino y se las metió a la boca. Y las masticó.
Así que volvió a la mandarina. La peló, le quitó cada una de las tiras blancas que quedan agarradas a los gajos. Su pensar y su mirada se fijaron en las semillas. Presionaba cada pedazo y hacía que el huesito se paseara de un lado a otro dentro de la membrana. Y pensaba en el hijo que se le venía encima y en la mujer que lo tendría y no sabía si salir corriendo y perderse en las calles de la ciudad o si pedirle a ella que se dejara de juegos y se diera cuenta de que no estaban listos para criar un niño y menos en medio de “todo lo que estaba pasando en el mundo”. La frase lo hacía sonreír ligeramente. El mundo siempre había estado igual. Se acordaba de mamá contando historias de las calamidades que las nuevas generaciones enfrentarían al nacer. Pero de los sucesos que hablaba su madre no estaba seguro. Así que eso no era excusa. Presionó la mandarina y salió la semilla. Brincó a la mesa, rebotando tres veces antes de quedarse quieta. Se metió el gajo a la boca y lo masticó mientras escuchaba la lluvia arreciar su galope sobre el asfalto y la dulce acidez de la mandarina le colgaba una etiqueta superlativa a la sonrisa de la linda chica del bar con su gesto curveando entre la coquetería y la mesura, siempre idéntica a la llegada de cada uno de los clientes. Es lo que pasa cuando uno está solo. Pero él no estaba solo. Su compañía cargaba a su hijo, dos razones importantes para negar su soledad. Importantes también para acordarse que las mandarinas que compró a tres dólares la libra estaban amargas y poco jugosas y cuestionarse por qué no fue a la cantina cuando tenía tantas ganas de tomarse una cerveza aunque lloviera y no lloviera y saber por qué ahora estaba sentado maldiciendo las mandarinas, a su hijo nonato, a su mujer y quizás hasta a su madre y a la lluvia muy seguramente. Tomó otro gajo y jugueteó con la semilla que llevaba dentro. La disparó como a la anterior y cayó muy cerca de su predecesora. Nada era agradable, sólo el hecho de haber encontrado una mandarina dulce entre todas las demás agrias y secas lo hacía recordar a la mesera. Era falsa y decidió maldecirla como al resto de su pensamiento. Miró las semillas. Las tomó pensando en su hijo-en-camino y se las metió a la boca. Y las masticó.
20 December 2007
Una pérdida de tiempo
El vino sólo calienta mis venas que ya están de por sí ardiendo. Creo que no debería salir a este frío bajo cero, aunque siempre me divierte ver el vaho subir desde mi boca y hacerse noche mientras camino apresurado a mi tercer piso. La plática en la mesa contigua se terminó hace ya un rato. Sigue aunque ya no la escucho, le perdí la importancia cuando dijeron algo sobre la existencia de dios. Yo no creo. Pero tampoco me cuestiono porque me resulta una pérdida de tiempo. A final de cuentas siempre queda el recurso "Sartre" y los de la mesa contigua ahora hablan de la efectividad de las metáforas en los escritos. Puedo pensar que sí, que la existecia de dios es una gran metáfora que nos quiere decir que encima de la mierda ya no hay más mierda. O sea que todo esto tiene fin, pero todo esto no tiene que ser mierda precisamente. Sistema a final de cuentas, me doy cuenta que soy parte de él—llámalo dios, merlot o registro civil. La metáfora ahí está y uno la toma como la opresión que tritura desde adentro de uno mismo, como la escalera al estado mejor de las cosas. Pero las escaleras también sirven para bajar. "Es el principio indígena de la dualidad", dijo el que quiso venderme el libro de cuentos prehispánicos en la Avenida Juárez. También me lo dijo un pintor el otro día. Y ahora estoy aquí hablando de dios y de cosas que pensé sin importancia mientras espero a que llegue alguien a una de las mesas que están vacías para escuchar de qué hablan y sentir que me platican algunas cosas, aunque a mí no me digan nada... Ja!
19 December 2007
Fue el 15 de diciembre
Caminaba pensando en el miedo. ¿Sería que eso sentía? Tal vez. Aunque no creo que por eso estuviera tan oscura la calle y tan fría la noche. Parecía ser una subida. A la derecha estaba la entrada a una zona de apartamentos, mientras que a mi izquierda el pasto de un lote baldío era alumbrado por una tenue luz blanca que azuleaba todo. Crucé hacia la entrada de los edificios. En una plazuela que se veía detrás del primer complejo una luz amarilla-anaranjada dibujaba el vacío del lugar a esas horas. Pero antes de entrar sentí un cierto recelo, miedo, si quieres, a entrar. Pensé mejor regresar a mi camino en la cuesta. Y justo lo hacía cuando desde la esquina del lote baldío escuché los gritos de un hombre. “Leave her alone”, decía. Y voltee. Y la vi a ella, a la que el hombre querían que dejaran en paz. Y estaba él, el hombre, gritándole a otro que sostenía una pistola. “Are you going to shoot me? Are you going to shoot me? Shoot me, motherfucker!” Le gritaba. Y le disparó. Tres balazos. Cayó el hombre y ella corrió y un carro que apareció a mi derecha me iba a servir de escondite pero estoy muy gordo y no quepo debajo de él y un hombre en uniforme de policía o bombero corre hacia mí y me dice que me quite de ahí, que me quité de ahí y rebota contra mí y quiere esconderse debajo del baúl del auto y el camión de bomberos y un camión de bomberos arranca en una esquina y alguien ya atrapó al que disparó y la mujer a la que debían dejar sola llora chorreando gritos. No pasa mucho para que yo me incorpore y vaya a ver qué pasó. Sobre una sábana azul está el cuerpo torcido del baleado; el codo, me acuerdo muy bien del codo, está como fracturado rompiendo el ángulo natural de la coyuntura. Pero no hay sangre. En una silla que alguien sacó de no sé dónde está el que disparó con la mirada clavada al piso, con las rodillas inquietas abriendo y cerrando, con las manos esposadas. Vuelvo a ver al muerto, porque ya está muerto, y no hay sangre.
14 November 2007
Una marcha en Filadelfia
Y llegaron de Nueva York y Nueva Jersey. Y llegaron a apoyar a los “hermanos” de la causa local que detrás de un reclamo ciudadano de $6,9 millones y reclamo laboral de mejoras en las condiciones de trabajo hacían a Amarark, empresa que supuestamente adeuda esa cantidad al Distrito Escolar de Filadelfia tras la cancelación de un contrato para proveer de servicios de cafetería a las escuelas de Filadelfia.
Eran los miembros del sindicato UNITE NOW y SEIU, que en conjunto con organizaciones locales de estudiantes y padres de familia marcharon del Parque a la Independencia hasta las oficinas del consorcio sobre la avenida Market, en el centro de Filadelfia, la tarde del pasado 13 de noviembre.
El clima cooperó con ellos—la lluvia de esa mañana fue seguida por una agradable tarde otoñal en la que el frío fue poco extrañado. “Queremos firmar un contrato y que nos den beneficios porque nosotros hacemos que esa compañía crezca”, dijo una empleada de Aramark que no quiso identificarse por miedo a ser despedida.
Y fueron miles de voces. Y fueron el mismo canto. Y fueron el paso siguiente, siempre uno detrás del otro: en el cruce de Market y Sexta, Market y Séptima, Market y Octava, Market y Novena, Market y Décima, hasta que llegaron.
Cargaban pancartas que clamaban por una compensación justa. Portaban camisetas rojas, blancas y moradas y de sus manos globos rojos buscaban fugarse al cielo mientras los cantos se repetían una vez tras otra en procesión de niños, mujeres y hombres que eran fuerza que eran esperanza que eran reclamo que eran una sola masa a las afueras de la empresa que cerró sus puertas para impedir que los manifestantes entraran.
Ese mismo día, voceros de la empresa habían minimizado la marcha al decir que sólo se trataba de un movimiento para incrementar el número de afiliados a los dos sindicatos que encabezaron la protesta.
Tal vez por eso no los querían ver. No los querían cerca. Los hombres del capital habían dispuesto el aparato para que sus otros trabajadores, los que si firman contrato y tienen beneficios, salieran por la puerta que da a la calle 11, a un costado de donde se llevaba a cabo la manifestación.
Pero los inconformes venían preparados. Conforme los grupos llegaron a las puertas del edificio cada miembro soltaba su globo y la marcha se hizo multidimensional mientras escalaba por el aire y era vista en cada piso de Aramark ante la sorpresa y sonrisa de quienes desde las aceras contiguas observaban el evento.
Detrás de las puertas de cristal seis guardias de seguridad miraban cómo los manifestantes cantaban, bailaban y reclamaban a Aramark. Algunos otros empleados de la empresa se pegaban a las ventanas para ver y señalar a quienes protestaban en la calle.
Mientras afuera, trabajadores, padres de familia y estudiantes protestaron con la entrega de una pizza, papas fritas y una soda en lata como símbolo de lo que ellos llamaron la mala alimentación que Ararmark proveía en las cafeterías del distrito escolar y luego pasaron una gran cuenta por $6,9 millones a nombre de los ciudadanos de Filadelfia.
“Ellos piensan que por ser jóvenes estudiantes no nos uniremos ni nos quejaremos del servicio que nos daban en la escuelas”, dijo Dan Jones, de 15 años. “¡Pero hoy estamos aquí para decirles que ya no vamos a comer más su basura!”
Eran los miembros del sindicato UNITE NOW y SEIU, que en conjunto con organizaciones locales de estudiantes y padres de familia marcharon del Parque a la Independencia hasta las oficinas del consorcio sobre la avenida Market, en el centro de Filadelfia, la tarde del pasado 13 de noviembre.
El clima cooperó con ellos—la lluvia de esa mañana fue seguida por una agradable tarde otoñal en la que el frío fue poco extrañado. “Queremos firmar un contrato y que nos den beneficios porque nosotros hacemos que esa compañía crezca”, dijo una empleada de Aramark que no quiso identificarse por miedo a ser despedida.
Y fueron miles de voces. Y fueron el mismo canto. Y fueron el paso siguiente, siempre uno detrás del otro: en el cruce de Market y Sexta, Market y Séptima, Market y Octava, Market y Novena, Market y Décima, hasta que llegaron.
Cargaban pancartas que clamaban por una compensación justa. Portaban camisetas rojas, blancas y moradas y de sus manos globos rojos buscaban fugarse al cielo mientras los cantos se repetían una vez tras otra en procesión de niños, mujeres y hombres que eran fuerza que eran esperanza que eran reclamo que eran una sola masa a las afueras de la empresa que cerró sus puertas para impedir que los manifestantes entraran.
Ese mismo día, voceros de la empresa habían minimizado la marcha al decir que sólo se trataba de un movimiento para incrementar el número de afiliados a los dos sindicatos que encabezaron la protesta.
Tal vez por eso no los querían ver. No los querían cerca. Los hombres del capital habían dispuesto el aparato para que sus otros trabajadores, los que si firman contrato y tienen beneficios, salieran por la puerta que da a la calle 11, a un costado de donde se llevaba a cabo la manifestación.
Pero los inconformes venían preparados. Conforme los grupos llegaron a las puertas del edificio cada miembro soltaba su globo y la marcha se hizo multidimensional mientras escalaba por el aire y era vista en cada piso de Aramark ante la sorpresa y sonrisa de quienes desde las aceras contiguas observaban el evento.
Detrás de las puertas de cristal seis guardias de seguridad miraban cómo los manifestantes cantaban, bailaban y reclamaban a Aramark. Algunos otros empleados de la empresa se pegaban a las ventanas para ver y señalar a quienes protestaban en la calle.
Mientras afuera, trabajadores, padres de familia y estudiantes protestaron con la entrega de una pizza, papas fritas y una soda en lata como símbolo de lo que ellos llamaron la mala alimentación que Ararmark proveía en las cafeterías del distrito escolar y luego pasaron una gran cuenta por $6,9 millones a nombre de los ciudadanos de Filadelfia.
“Ellos piensan que por ser jóvenes estudiantes no nos uniremos ni nos quejaremos del servicio que nos daban en la escuelas”, dijo Dan Jones, de 15 años. “¡Pero hoy estamos aquí para decirles que ya no vamos a comer más su basura!”
De Malinche y de Traiciones
En cuanto a Malinche y el término “acuñado” en este espacio la semana pasada hay observaciones que deben hacerse para evitar la propagación de clichés que sólo evidencian el mal entendimiento de los hechos históricos y sus personajes. Peor aún, estos lugares comunes perpetúan la bien arraigada práctica de culpar a la mujer de todo pecado original.
Es cierto que entre los mexicanos es común llamar “malinchista” a alguien que prefiere lo extranjero por encima de lo nacional, pero valdría la pena analizar el origen del término sin tomarlo con pasión transpirando a través de cada poro. Después de todo el debate migratorio, que en mi opinión poco tiene que ver con el mal llamado “malinchismo”, debe tratarse con más cálculo que con comentarios lanzados al aire.
Primero hablemos de Malinche, quien bautizada en castellano como Marina, fue esclava, intérprete y concubina del conquistador Hernán Cortés cuando éste obtuvo para España lo que hoy se conoce como México, pero que en aquel entonces era una nación de naciones. La lectura del lugar común nos presenta a esta mujer como instrumento de la traición, como abuso de la raza y del sexo para buscar un beneficio personal en vez de defender a su raza y a su patria... ¿mexicana? Muy pocos se ocupan en pensar que esta mujer indígena cumplía con una función ajena a su voluntad.
Malinche fue entregada a Cortez como tributo para que le sirviera cuando los conquistadores derrotaron a un grupo indígena en Tabasco. Su conocimiento del maya y del nahuatl, lenguas habladas en aquel entonces, aumentó su valor y la convirtieron en el enlace crucial entre españoles e indígenas. Según los relatos que se conocen, la denominada Malinche fue hija de un noble en la costa del Golfo de México y, a la muerte de éste y por razones políticas, fue vendida a comerciantes que la llevaron a la región maya; de ahí su conocimiento de los dos idiomas.
¿Traidora? A la llegada de los españoles, los aztecas reinaban con mano dura la mayoría de lo que se conoce como Mesoamérica y que hoy es México y América Central. La opresión era tal, que varios pueblos—Cempoalas y Tlaxcaltecas—se unieron a los españoles para acabar con el dominio azteca en la región. ¿Traidores? Será más bien que se le da una interpretación apasionada a los simples hechos que se suceden para formar lo que conocemos como historia. Algo así como leer una novela, un cuento, una leyenda: ficción a final de cuentas.
Diferentes factores contribuyeron a la derrota de Tenochtitlan. Tenemos, por ejemplo, a los pueblos indígenas que se unieron a los conquistadores europeos—no sólo los españoles llegaron a este continente y no sólo ellos recibieron ayuda de los habitantes originales. Hay que acordarse también las crónicas de la conquista que cuentan cómo los mexicas sucumbieron indefensos ante las enfermedades que los españoles trajeron consigo. Y luego también estuvo Moctezuma. En los ojos de la historia, el emperador de los mexicas no fue hombre suficiente, lo que sea que eso signifique, para atacar a los españoles. Su resistencia vino demasiado tarde... cuando ya era prisionero de Cortez.
Tener a Malinche como epicentro de la debacle azteca es sólo ser simplista. Pegarle de paso una connotación de auto-rechazo revela el machismo que se disfraza de una pobre lectura de la historia con un gran oído para las “versiones oficiales”. El auto-rechazo es a posteriori; viene después cuando se rehúsa el reconocimiento de la igualdad a pesar de los orígenes y los matices de la piel—el español está por encima del mestizo y el mestizo pisa al indio.
Además, decir que en nuestras naciones no hay racismo como el que se oculta de la historia oficial de Estados Unidos sería una falacia aún más soez. El desprecio, rechazo o racismo—que a final de cuentas es como se llama—es palpable cuando se busca y se ve al blanco como modelo de belleza en los diversos vehículos de información masiva, como ejemplo a seguir, como simpático, como correcto, como educado, como civilizador, como coherente, como gobernante. El “indio” es el grosero, el ladino, el oscuro, el abusivo, el retrógrada, el lastre, el ignorante, el “que no sabe que todo esto que se llama civilización es por su bien”. Y eso no nace de Doña Marina o Malinche como le quieran llamar. Eso nace del realmente querer ser aceptado por una raza que oprime, que sojuzga.
Develemos al verdadero intolerante. No caigamos en los lugares comunes. Analicemos detenidamente. Escuchemos a quien pronuncia la palabra “indio” con verdadero desprecio, con esa voluntad de no ser parte de lo que corre por sus venas y que a su vez le da identidad. Porque Malinche fue madre de algunos de los primeros mexicanos: lo que hoy somos muchos de nosotros que cruzamos la frontera, que festejamos el 15 de septiembre con la certidumbre de que el 5 de mayo es solamente una batalla ganada que antecedió a una gran derrota, que somos indios-españoles-mestizos y pueblo de naciones.
Alguien pudiera decir que la empatía, que no simpatía, por los inmigrantes es inherente de la raza a la que pertenecen, pero la realidad es otra. Nuestros países de origen son tan culpables del rechazo cuando firman tratados de libre comercio que desaparecen a los medianos y pequeños productores y le tienden la alfombra roja a las trasnacionales; cuando los lugares de “caché” se reservan el derecho de admisión; cuando los medios de comunicación dejan de cumplir su función y nos presentan modelos y estereotipos como ejemplos a seguir.
Si Debi Dobbs dice lo que dice no es siquiera para que se le tome en serio—¿qué ejemplo puede ser? Darle voz a ella sería validar a su marido. Darle voz a ella sería no entender que la razón no está en el color de piel y que la falta de inteligencia no conoce de razas. Validemos entonces lo que contribuye al diálogo, al sincretismo, a la pluralidad. Y ya, por favor, dejen a la Malinche en paz. Porque si fue traidora, también fue nuestra madre. ¡Ah, verdad!
08 September 2007
La Muerte de El Tiny
A play inspired by a poem I didn’t like.
Characters: HOMITO: A cholo-like chap that works at Royal Tacos. He is in his middle twenties, has short hair and speaks with a certain poetical rhythm. His movements are quick and precise.
El TINY: Another cholo. El Tiny is around Homito’s age but looks old and wasted. He swaggers in a hoodlum fashion and never looks into a person’s eyes when he speaks.
MANAGER: Homito’s boss at Royal Tacos. He is white, probably anglo, and doesn’t know any Spanish. He looks older than he actually is (35 years). He wears glasses, speaks with a slight Texan accent and has untidy hair. He’s always nervous.
WOMAN AND GIRL: Homito meets them on the bus. They’re on their way to the other side of the border. Work and school wait for them.
CHARACTERS: People Homito encounters on his way to work. Role performed always by the same actor.
CROWD
(We’re in the enormous kitchen of a heavily crowded fast food restaurant in downtown El Paso. The place is Royal Tacos. Noise is everywhere, and people from all ages wearing grease and sauce stained green t-shirts and black trousers walk frantically back and fro carrying all kinds of cooking and cleaning utensils. A man wearing fewer of the same stains on his blue shirt and khaki bottoms goes from one side to another yelling, signaling, bothering the automatons with his orders. A man, Homito, enters from the left part of the stage and approaches this man, the Manager, who is standing on the far right edge of the setting).
MANAGER: (He starts speaking when Homito is about five to three steps from him.) So, you finally decided to show up!
HOMITO: ¡Chale, cálemla, vato! I had a big problema, ese. Let me explain, all right?
MANAGER: You’re full of excuses, homito. What happened now, another of your six grannies passed away?
(An employee passes by carrying a bucket. He looks exhausted.)
HOMITO: ¡Nel, chale! (He moves aside to let the employee pass). It ain’t my fault mi big familia is prone to pay a visit to la calaca every other month. You know how wild and loco the barrio is…
(The employee drops the bucket and the water spills. The manager seems to get mad and excited. He yells his next lines.)
MANAGER: You idiot! Look at all that soap you wasted. (Signaling the floor) See this foam? See this foam? Should you use less soap, we could save the company hundreds on soap, stupid kid! Hundreds!! You’ll better start scrubbing the floor right away, Ernie! (He turns to face Homito. He speaks sternly) Now, what were you saying? (He grabs the clipboard lying on the counter and starts flipping the sheets of paper, as if looking for a document.) Speak, damn it! I’m gonna write you up, anyways, boy. Where were you yesterday? How come you didn’t phone?
HOMITO: Sssshh! (He silences the manager hitting his lips with his index finger three to five quick times Then he speaks in a low but confident tone.) Cálmala, homes, chale! You always make pedo por todo, ese. You’re going to die de tanto coraje, you know? My granny murió d’eso.
Manager: Dying? I don’t care about dying, Homito! I care for the hours your absences are costing to my store! I’m giving out overtime to anyone who wants to cover for you. (In a sardonic, proud tone) Good lord everybody needs the extra hours. They’ve even fought to get at least one.
HOMITO: Chale, vato! .You know I work hard. I don’t show up very of-ten, but when I do so le pongo duro al camello, homes.
(A short silence ensues. Homito scratches his head. The manager looks at him expectantly).
MANAGER: So, what’s your excuse, Homito?
HOMITO: Chale! It ain’t no excuse, homes. It’s what happened, neta.
MANAGER: Then, tell me, you lazy cholo! I bet you’re high again (He waves him to come closer) Let me see you eyes closer!
HOMITO: I don’t smoke anymore, vato. La motita makes me see things, you know… But what happened yesterday I didn’t just see it, fue la realidá, homes!
MANAGER: Are you gonna tell me for once why the hell you didn’t come to work yesterday?
(The background goes dark. The only light lit shines over Homito, who is still facing the manager. The kitchen sounds stop, and urban noises flourish as Homito begins his tale.)
HOMITO: I woke up early in the morning with the idea of coming to work as I always do. Mi jefita made me breakfast: two skinny and sabrosos burritos and I took off lueguito de que tiré shower, homes. (Marches on the same spot) I walked down la calle till the corner where I always get la burra that takes me down to the town. I stood next to Don Ramiro’s magazine stand.
(LIGHT ILLUMINATES A MAN NEXT TO HOMITO. A SORT OF STAND APPEARS AS WELL.)
DON RAMIRO: Ta cold la mañana, verdá, chavalo? (light fades out. The man disappears.)
HOMITO: Hey, homes! I remember putting las manos inside the pockets of mi chamarra. (snaps his fingers). Si taba cold la morning. The grey clouds were encima de mí, vato. I could feel the air bien frío on mi cara. Garré el first bus que llegó.
(A LIGHT GOES ON AT THE OTHER CORNER. A MAN ENTERS AS HE MIMICS THE DRIVING OF A BUS JOLTING ON HIS IMAGINARY SEAT. HE WALKS TOWARDS HOMITO.)
BUS DRIVER: ¡Buenos días, compita!
(HOMITO walks behind the man and squats. HOMITO continues speaking.)
HOMITO: A girl con su jefita were in the bus.
(a light goes on behind HOMITO, showing the passengers.)
WOMAN: MIja it’s gonna be bien windy cuando súbamos el bridge.
GIRL: (complaining) Mom, yo no quiero ir a la school. It’s an awful day, mom!
HOMITO: Sonaban las bells de la church when we got down to the town. The señora pushed her niña down the aisle and off the bus.
(The woman does exactly what HOMITO says. Their light shows their trajectory. HOMITO goes after them.)
HOMITO: (smiles) Si, homeboy, I walked behind that lady for a couple o’blocks. Si, vato, the seño got back, with all due respect, simón! I saw how they got lost, la niña y su jefita, in the middle of toda la gente racing their way to the border. (some people walk faster, passing HOMITO. he pretends he’s walking) I went all the way down to tha street that goes to the bridge. You know, ready pal jale y todo eso. So, te digo, I walked down da street, and when I turned the corner I saw him, lo waché, carnal.
(a light goes on to show us EL TINY looking around. After a few seconds he sees HOMITO).
EL TINY: Pos quihubo, wassappening, home boy?
HOMITO: (puzzled face) I saw him, it was El Tiny, a good camarada from the old days in la clicka and the barrio. El Tiny, the best carnalito I got in la pinta.
EL TINY: Quihubo-leeeee? Long time no see, homes… (he walks towards HOMITO.)
HOMITO: (stopping his walk) Hey, wassup, El Tiny? Good to see you, homes.
From the very beginning I noticed something wrong. His cara didn’t look all right. Lo waché bien malito, a El Tiny, my homeboy from La Pinta.
EL TINY: ¿Cómo le va, homes? What you been up to?
HOMITO: ¿Qué pues, carnal? How ya been, homeboy?
(both shake hands. People pass by every once in a while.)
When you came out?
EL TINY: I’ve been out six months now.
HOMITO: (EL TINY can’t hear this) I saw something on his face; taba pale y sick el vato. Something was wrong with him, you know; I could tell, from the very beginning. His face wasn’t the one I met when we were doing time in La Pinta. Mi carnalito wasn’t fine. From head to bottom, that wasn’t EL Tiny I met in the old days, nel, I could tell something was wrong.
EL TINY: ¿Qué pasó, carnal? Such a long time and you have nothing to say, not even hello.
HOMITO: ¡Chale, El Tiny! Don’t get me wrong, carnal, it’s just a big surprise to see you. How you been, homes?
EL TINY: Mal, carnal, ever since I got out I haven’t got any chambas, no freaking way of making any feria. I went to the old barrio and nothing good came from there. It’s been rough and wild, Homito. What about you? I see you bien bañadito, ready for something. What you up to, vato?
HOMITO: (looking stressed) Well, carnal, I got a jalecito at Royal Tacos, remember we used to go there! (smiles) Now I get the chalupas for free, homes. (looks at his watch) Hey, El Tiny, I gotta get going. It’s late already.
EL TINY: So you’re working and shit, huh? How good… Hey… remember the old times inside La Pinta. I got your back, homeboy… Remember? Nobody fucked with us; I got us covered… ¿te acuerdas?
HOMITO: ¡Chale! Of course I remember, vato. I know you saved my ass in la pinta. You’re my carnalito. We were together in those hard times….
EL TINY: Times haven’t been kind to this little vato…You know… Homito… You know how hard is trying to leave all that shit behind… I’m trying homes… I just need one more shot and I’ll be fine; dame esquina, carnal! Share some money with El Tiny…
HOMITO: No, carnal, chale; I got nothing to share. Mi lana es pa’ mi jefita, homes. I cannot give you what’s not mine…
EL TINY: (irritated) ¡Chale, carnal, chale! I saved your ass in la pinta, remember? That mayate was gonna make you his bitch, homes! Remember, huh? Remember?
HOMITO: Chale! Simón que me acuerdo…Thank you, carnal, for all what you did for me inside la pinta, vato… I owe you my life and my culo… But la feria is for la jefita…I owe her more for all I’ve done to her, carnal…I was down with la vida loca and always stood up for el barrio…
EL TINY: (furious) Chale, vato! Give some pesos, homes! I just need one more shot, that’s all! Remember la pinta, ese!
HOMITO: Cálmela, vato! I got nothing to give, nothing to share, homes!! I’m telling you. It’s no deceive, no tengo feria, ese! Now, I gotta go, El Tiny. It’s late for work…
EL TINY: (yells) Remember la pinta, puto!
HOMITO: (EL TINY can’t hear this) I knew things were getting bad. Chale, that wasn’t the old El Tiny, the one who saved me in la pinta, mi carnal from the barrio…He had the devil inside, and the devil was about to come out…
EL TINY: (as he tries to grab HOMITO by the shoulder) ¡Afloje una feria, carnal!
HOMITO: (pulls back) ¡Cálmela, ese! I remember la pinta, the old days with all the homeboys in the barrio, and las jainitas, too… But I can’t give you my feria, homes!
EL TINY: ¡Túmbese o lo tumbo, puto!
HOMITO: ¡Chale, nel, chale!... (makes a pause. EL TINY doesn’t hear the next line) That’s when it all began. Se le salió el chamuco.
EL TINY: ¡Ora, puto!
HOMITO: (EL TINY does everything HOMITO says) He tried to hit… He tried to punch me once, punch me twice… But I moved (HOMITO evades EL TINY’s blows). That’s when I told him to stop, but he wouldn’t listen…
EL TINY: (panting and crying) ¡Afloje la feria, carnal! It’s fucking hell, and it’s fucking burning my bones and my skin, homes!
HOMITO: After saying this he tried to hit me again, but I dodge his puño…Y que se mete la mano a su pocket. He reached in for something… he took out his navaja…M’iba picar, El Tiny… We were together in la pinta, los dos carnalitos…
EL TINY: ¡Túmbese! Gime’ la feria, pinchi leva!
HOMITO: He was furious in his head and I was frightened. And he did it, my homeboy tried to stab con su knifa! But I didn’t let him… (EL TINY attacks) And I dodged his punta the first time… I couldn’t believe it… Mi homeboy trying to kill for some pesos… I got mad.... Loquito me puse… And I couldn’t stand it anymore…
EL TINY: ¡La feria, puto! (he moves his arm back and forward several times)
HOMITO: And I couldn’t stand it anymore… I grabbed him by the arm and I hit him once, hit him twice (punches EL TINY), his head bounced back…. I hit him one more time, and bam! Down he went! (EL TINY falls and shakes on the floor) El Tiny, my homeboy from la pinta was down on el piso, you know… Blood on my fist, blood on the floor… El Tiny there, lying on the ground, his body shaking, and my head, mi cabecita se puso loca…Old thoughts came back to me, I was furious, insane in the brain... And his body lying on the floor. And I saw him, quieto, heavily breathing, his blood all over the place… I was furious, my homeboy from la pinta quiso chingarme and I fucked him up… But it wasn’t enough punishment. He had to pay. I saw his head, an eye open looking just at me, asking for a conclusion…Y se la di…(after a pause he continues his narration all excited) I stomped on his head. I did it once, twice, I dunno how many times. La blood splashed mi camisa, mi pantalón, mi cara. El Tiny was beneath my aged fury, motionless. But I hadn’t had enough. I needed to finish him. So, que lo piso otra vez y otra vez y otra vez. He stopped breathing. He stopped moving. He was just a rag on the cement. And I’ve done it all. Lo quiebré. I killed El Tiny, my homeboy from la pinta. Yo tenía su sangre toda sobre mi cuerpo. And his body muerto by my feet and my fury… I killed El Tiny. After that, I just felt bad and tired and went back home. That’s why I didn’t come to work yesterday.
(Lights go on. The employees look at homito in astonishment. The manager finishes writing on the clipboard)
MANAGER: OK, I’m writing you up…
[END]
Characters: HOMITO: A cholo-like chap that works at Royal Tacos. He is in his middle twenties, has short hair and speaks with a certain poetical rhythm. His movements are quick and precise.
El TINY: Another cholo. El Tiny is around Homito’s age but looks old and wasted. He swaggers in a hoodlum fashion and never looks into a person’s eyes when he speaks.
MANAGER: Homito’s boss at Royal Tacos. He is white, probably anglo, and doesn’t know any Spanish. He looks older than he actually is (35 years). He wears glasses, speaks with a slight Texan accent and has untidy hair. He’s always nervous.
WOMAN AND GIRL: Homito meets them on the bus. They’re on their way to the other side of the border. Work and school wait for them.
CHARACTERS: People Homito encounters on his way to work. Role performed always by the same actor.
CROWD
(We’re in the enormous kitchen of a heavily crowded fast food restaurant in downtown El Paso. The place is Royal Tacos. Noise is everywhere, and people from all ages wearing grease and sauce stained green t-shirts and black trousers walk frantically back and fro carrying all kinds of cooking and cleaning utensils. A man wearing fewer of the same stains on his blue shirt and khaki bottoms goes from one side to another yelling, signaling, bothering the automatons with his orders. A man, Homito, enters from the left part of the stage and approaches this man, the Manager, who is standing on the far right edge of the setting).
MANAGER: (He starts speaking when Homito is about five to three steps from him.) So, you finally decided to show up!
HOMITO: ¡Chale, cálemla, vato! I had a big problema, ese. Let me explain, all right?
MANAGER: You’re full of excuses, homito. What happened now, another of your six grannies passed away?
(An employee passes by carrying a bucket. He looks exhausted.)
HOMITO: ¡Nel, chale! (He moves aside to let the employee pass). It ain’t my fault mi big familia is prone to pay a visit to la calaca every other month. You know how wild and loco the barrio is…
(The employee drops the bucket and the water spills. The manager seems to get mad and excited. He yells his next lines.)
MANAGER: You idiot! Look at all that soap you wasted. (Signaling the floor) See this foam? See this foam? Should you use less soap, we could save the company hundreds on soap, stupid kid! Hundreds!! You’ll better start scrubbing the floor right away, Ernie! (He turns to face Homito. He speaks sternly) Now, what were you saying? (He grabs the clipboard lying on the counter and starts flipping the sheets of paper, as if looking for a document.) Speak, damn it! I’m gonna write you up, anyways, boy. Where were you yesterday? How come you didn’t phone?
HOMITO: Sssshh! (He silences the manager hitting his lips with his index finger three to five quick times Then he speaks in a low but confident tone.) Cálmala, homes, chale! You always make pedo por todo, ese. You’re going to die de tanto coraje, you know? My granny murió d’eso.
Manager: Dying? I don’t care about dying, Homito! I care for the hours your absences are costing to my store! I’m giving out overtime to anyone who wants to cover for you. (In a sardonic, proud tone) Good lord everybody needs the extra hours. They’ve even fought to get at least one.
HOMITO: Chale, vato! .You know I work hard. I don’t show up very of-ten, but when I do so le pongo duro al camello, homes.
(A short silence ensues. Homito scratches his head. The manager looks at him expectantly).
MANAGER: So, what’s your excuse, Homito?
HOMITO: Chale! It ain’t no excuse, homes. It’s what happened, neta.
MANAGER: Then, tell me, you lazy cholo! I bet you’re high again (He waves him to come closer) Let me see you eyes closer!
HOMITO: I don’t smoke anymore, vato. La motita makes me see things, you know… But what happened yesterday I didn’t just see it, fue la realidá, homes!
MANAGER: Are you gonna tell me for once why the hell you didn’t come to work yesterday?
(The background goes dark. The only light lit shines over Homito, who is still facing the manager. The kitchen sounds stop, and urban noises flourish as Homito begins his tale.)
HOMITO: I woke up early in the morning with the idea of coming to work as I always do. Mi jefita made me breakfast: two skinny and sabrosos burritos and I took off lueguito de que tiré shower, homes. (Marches on the same spot) I walked down la calle till the corner where I always get la burra that takes me down to the town. I stood next to Don Ramiro’s magazine stand.
(LIGHT ILLUMINATES A MAN NEXT TO HOMITO. A SORT OF STAND APPEARS AS WELL.)
DON RAMIRO: Ta cold la mañana, verdá, chavalo? (light fades out. The man disappears.)
HOMITO: Hey, homes! I remember putting las manos inside the pockets of mi chamarra. (snaps his fingers). Si taba cold la morning. The grey clouds were encima de mí, vato. I could feel the air bien frío on mi cara. Garré el first bus que llegó.
(A LIGHT GOES ON AT THE OTHER CORNER. A MAN ENTERS AS HE MIMICS THE DRIVING OF A BUS JOLTING ON HIS IMAGINARY SEAT. HE WALKS TOWARDS HOMITO.)
BUS DRIVER: ¡Buenos días, compita!
(HOMITO walks behind the man and squats. HOMITO continues speaking.)
HOMITO: A girl con su jefita were in the bus.
(a light goes on behind HOMITO, showing the passengers.)
WOMAN: MIja it’s gonna be bien windy cuando súbamos el bridge.
GIRL: (complaining) Mom, yo no quiero ir a la school. It’s an awful day, mom!
HOMITO: Sonaban las bells de la church when we got down to the town. The señora pushed her niña down the aisle and off the bus.
(The woman does exactly what HOMITO says. Their light shows their trajectory. HOMITO goes after them.)
HOMITO: (smiles) Si, homeboy, I walked behind that lady for a couple o’blocks. Si, vato, the seño got back, with all due respect, simón! I saw how they got lost, la niña y su jefita, in the middle of toda la gente racing their way to the border. (some people walk faster, passing HOMITO. he pretends he’s walking) I went all the way down to tha street that goes to the bridge. You know, ready pal jale y todo eso. So, te digo, I walked down da street, and when I turned the corner I saw him, lo waché, carnal.
(a light goes on to show us EL TINY looking around. After a few seconds he sees HOMITO).
EL TINY: Pos quihubo, wassappening, home boy?
HOMITO: (puzzled face) I saw him, it was El Tiny, a good camarada from the old days in la clicka and the barrio. El Tiny, the best carnalito I got in la pinta.
EL TINY: Quihubo-leeeee? Long time no see, homes… (he walks towards HOMITO.)
HOMITO: (stopping his walk) Hey, wassup, El Tiny? Good to see you, homes.
From the very beginning I noticed something wrong. His cara didn’t look all right. Lo waché bien malito, a El Tiny, my homeboy from La Pinta.
EL TINY: ¿Cómo le va, homes? What you been up to?
HOMITO: ¿Qué pues, carnal? How ya been, homeboy?
(both shake hands. People pass by every once in a while.)
When you came out?
EL TINY: I’ve been out six months now.
HOMITO: (EL TINY can’t hear this) I saw something on his face; taba pale y sick el vato. Something was wrong with him, you know; I could tell, from the very beginning. His face wasn’t the one I met when we were doing time in La Pinta. Mi carnalito wasn’t fine. From head to bottom, that wasn’t EL Tiny I met in the old days, nel, I could tell something was wrong.
EL TINY: ¿Qué pasó, carnal? Such a long time and you have nothing to say, not even hello.
HOMITO: ¡Chale, El Tiny! Don’t get me wrong, carnal, it’s just a big surprise to see you. How you been, homes?
EL TINY: Mal, carnal, ever since I got out I haven’t got any chambas, no freaking way of making any feria. I went to the old barrio and nothing good came from there. It’s been rough and wild, Homito. What about you? I see you bien bañadito, ready for something. What you up to, vato?
HOMITO: (looking stressed) Well, carnal, I got a jalecito at Royal Tacos, remember we used to go there! (smiles) Now I get the chalupas for free, homes. (looks at his watch) Hey, El Tiny, I gotta get going. It’s late already.
EL TINY: So you’re working and shit, huh? How good… Hey… remember the old times inside La Pinta. I got your back, homeboy… Remember? Nobody fucked with us; I got us covered… ¿te acuerdas?
HOMITO: ¡Chale! Of course I remember, vato. I know you saved my ass in la pinta. You’re my carnalito. We were together in those hard times….
EL TINY: Times haven’t been kind to this little vato…You know… Homito… You know how hard is trying to leave all that shit behind… I’m trying homes… I just need one more shot and I’ll be fine; dame esquina, carnal! Share some money with El Tiny…
HOMITO: No, carnal, chale; I got nothing to share. Mi lana es pa’ mi jefita, homes. I cannot give you what’s not mine…
EL TINY: (irritated) ¡Chale, carnal, chale! I saved your ass in la pinta, remember? That mayate was gonna make you his bitch, homes! Remember, huh? Remember?
HOMITO: Chale! Simón que me acuerdo…Thank you, carnal, for all what you did for me inside la pinta, vato… I owe you my life and my culo… But la feria is for la jefita…I owe her more for all I’ve done to her, carnal…I was down with la vida loca and always stood up for el barrio…
EL TINY: (furious) Chale, vato! Give some pesos, homes! I just need one more shot, that’s all! Remember la pinta, ese!
HOMITO: Cálmela, vato! I got nothing to give, nothing to share, homes!! I’m telling you. It’s no deceive, no tengo feria, ese! Now, I gotta go, El Tiny. It’s late for work…
EL TINY: (yells) Remember la pinta, puto!
HOMITO: (EL TINY can’t hear this) I knew things were getting bad. Chale, that wasn’t the old El Tiny, the one who saved me in la pinta, mi carnal from the barrio…He had the devil inside, and the devil was about to come out…
EL TINY: (as he tries to grab HOMITO by the shoulder) ¡Afloje una feria, carnal!
HOMITO: (pulls back) ¡Cálmela, ese! I remember la pinta, the old days with all the homeboys in the barrio, and las jainitas, too… But I can’t give you my feria, homes!
EL TINY: ¡Túmbese o lo tumbo, puto!
HOMITO: ¡Chale, nel, chale!... (makes a pause. EL TINY doesn’t hear the next line) That’s when it all began. Se le salió el chamuco.
EL TINY: ¡Ora, puto!
HOMITO: (EL TINY does everything HOMITO says) He tried to hit… He tried to punch me once, punch me twice… But I moved (HOMITO evades EL TINY’s blows). That’s when I told him to stop, but he wouldn’t listen…
EL TINY: (panting and crying) ¡Afloje la feria, carnal! It’s fucking hell, and it’s fucking burning my bones and my skin, homes!
HOMITO: After saying this he tried to hit me again, but I dodge his puño…Y que se mete la mano a su pocket. He reached in for something… he took out his navaja…M’iba picar, El Tiny… We were together in la pinta, los dos carnalitos…
EL TINY: ¡Túmbese! Gime’ la feria, pinchi leva!
HOMITO: He was furious in his head and I was frightened. And he did it, my homeboy tried to stab con su knifa! But I didn’t let him… (EL TINY attacks) And I dodged his punta the first time… I couldn’t believe it… Mi homeboy trying to kill for some pesos… I got mad.... Loquito me puse… And I couldn’t stand it anymore…
EL TINY: ¡La feria, puto! (he moves his arm back and forward several times)
HOMITO: And I couldn’t stand it anymore… I grabbed him by the arm and I hit him once, hit him twice (punches EL TINY), his head bounced back…. I hit him one more time, and bam! Down he went! (EL TINY falls and shakes on the floor) El Tiny, my homeboy from la pinta was down on el piso, you know… Blood on my fist, blood on the floor… El Tiny there, lying on the ground, his body shaking, and my head, mi cabecita se puso loca…Old thoughts came back to me, I was furious, insane in the brain... And his body lying on the floor. And I saw him, quieto, heavily breathing, his blood all over the place… I was furious, my homeboy from la pinta quiso chingarme and I fucked him up… But it wasn’t enough punishment. He had to pay. I saw his head, an eye open looking just at me, asking for a conclusion…Y se la di…(after a pause he continues his narration all excited) I stomped on his head. I did it once, twice, I dunno how many times. La blood splashed mi camisa, mi pantalón, mi cara. El Tiny was beneath my aged fury, motionless. But I hadn’t had enough. I needed to finish him. So, que lo piso otra vez y otra vez y otra vez. He stopped breathing. He stopped moving. He was just a rag on the cement. And I’ve done it all. Lo quiebré. I killed El Tiny, my homeboy from la pinta. Yo tenía su sangre toda sobre mi cuerpo. And his body muerto by my feet and my fury… I killed El Tiny. After that, I just felt bad and tired and went back home. That’s why I didn’t come to work yesterday.
(Lights go on. The employees look at homito in astonishment. The manager finishes writing on the clipboard)
MANAGER: OK, I’m writing you up…
[END]
26 July 2007
El hombre y su dios
Debajo de las piedras había un hombre inventándose un dios a cada rato. Todos los días se levantaba y cargaba su piedra de un lado a otro de la calle en peregrinación y evangelio. Nunca regresaba al mismo lugar. Atrás dejaba su labor, su mensaje. Estaba seguro de que quien lo hubiera escuchado habría entendido lo que sus palabras, que no eran suyas, según decía, quisieron decir. Como a eso de las 10 de la mañana, después de haber desayunado pasto o alguna hormiga, luego de beber de alguna gota de rocío pegada a la hierba, se sentaba por horas a pensar y a rezar en ese dios inventado. Seguro estaba de que ese ser supremo lo había creado todo. A veces escribía las palabras que decía escuchar en su voz. Cada enunciado que manaba de su respirar era siempre atribuido a la palabra de su señor. Sus frases, o iluminación, como él mismo la llamaba, poco se comprometían con lo tangible, siempre dándole la vuelta a las cosas. Decía que habría un tiempo en que nosotros los perdidos seguiríamos las enseñanzas de quien él dice es un señor bonachón y travieso.
La roca nunca le pesaba. Él decía que el "Siempre Presente" se la dio para que aprendiera a amarlo. En ciertas fechas, no recuerdo cuáles, este diminuto hombre que vive debajo de las piedras inventándose un dios a cada rato se laceraba la espalda con hierbas secas por esa fe ciega que le tenía a quien él llama Padre. Yo llegué a pensar que estaba cegado, que una de esas piedras que cargaba le ha caído más de una vez en la cabeza y por eso no veía las cosas como son. Claro que nunca le dije eso. Yo sólamente le saludaba cada que lo miraba atravezar la calle o salir de entre las piedras para orar al cielo. Había veces en las que siendo presa de la aburrición me ponía a escuchar sus oraciones, misterios y plegarias a ese ser que lo sabía todo. Él esperaba que todo pasara según la voluntad de eso más grande. No escuchaba de razones y entendimientos porque, él decía, aquello que todo lo puede no se mide con lo que ha hecho sino con lo que está siempre por venir.
Una mañana de la semana pasada lo pude ver. Sin querer pateé una roca de cantos redondos y precisos, una piedra de agua, mientras caminaba a la vuelta de mi casa. Para mí todas las piedras se ven iguales. Él estaba ahí, debajo; quizás dormido. Se espantó de los pies a la cabeza. Dio un brinco y se sacudió todito. Quiso correr, alejarse y voltear a verme al mismo tiempo. Por no mirar el camino de su huída tropezó con una semilla que alguien habría tirado en la banqueta. Yo me quedé ahí. Frío. No moví un dedo. Las nubes avanzaban otro tanto encima de nosotros. Distinguí bien su cara de horror. Así, con ese rostro apesumbrado, se fue arrastrando hasta llegar a un montoncito de polvo y hojas secar que estaba a un paso de distancia. Respiraba agitado. Su pequeño pecho se hinchaba con cada bocanada. Volteó a mirarme con el corazón brincándole en los ojos y el pescuezo. Tenía sangre en sus manos y rodillas. Quise ayudarle a llegar más rápido, pero entendí que no debía hacerlo. Me quedé ahí, frío. Él se metió debajo de una hoja seca que se fue volando con el viento. Ahora ya no pateo las piedras, piso las hojas secas y amarillas. Me gusta oirlas resquebrajarse.
La roca nunca le pesaba. Él decía que el "Siempre Presente" se la dio para que aprendiera a amarlo. En ciertas fechas, no recuerdo cuáles, este diminuto hombre que vive debajo de las piedras inventándose un dios a cada rato se laceraba la espalda con hierbas secas por esa fe ciega que le tenía a quien él llama Padre. Yo llegué a pensar que estaba cegado, que una de esas piedras que cargaba le ha caído más de una vez en la cabeza y por eso no veía las cosas como son. Claro que nunca le dije eso. Yo sólamente le saludaba cada que lo miraba atravezar la calle o salir de entre las piedras para orar al cielo. Había veces en las que siendo presa de la aburrición me ponía a escuchar sus oraciones, misterios y plegarias a ese ser que lo sabía todo. Él esperaba que todo pasara según la voluntad de eso más grande. No escuchaba de razones y entendimientos porque, él decía, aquello que todo lo puede no se mide con lo que ha hecho sino con lo que está siempre por venir.
Una mañana de la semana pasada lo pude ver. Sin querer pateé una roca de cantos redondos y precisos, una piedra de agua, mientras caminaba a la vuelta de mi casa. Para mí todas las piedras se ven iguales. Él estaba ahí, debajo; quizás dormido. Se espantó de los pies a la cabeza. Dio un brinco y se sacudió todito. Quiso correr, alejarse y voltear a verme al mismo tiempo. Por no mirar el camino de su huída tropezó con una semilla que alguien habría tirado en la banqueta. Yo me quedé ahí. Frío. No moví un dedo. Las nubes avanzaban otro tanto encima de nosotros. Distinguí bien su cara de horror. Así, con ese rostro apesumbrado, se fue arrastrando hasta llegar a un montoncito de polvo y hojas secar que estaba a un paso de distancia. Respiraba agitado. Su pequeño pecho se hinchaba con cada bocanada. Volteó a mirarme con el corazón brincándole en los ojos y el pescuezo. Tenía sangre en sus manos y rodillas. Quise ayudarle a llegar más rápido, pero entendí que no debía hacerlo. Me quedé ahí, frío. Él se metió debajo de una hoja seca que se fue volando con el viento. Ahora ya no pateo las piedras, piso las hojas secas y amarillas. Me gusta oirlas resquebrajarse.
21 June 2007
Esto no es "Querido diario"
Gustavo Martínez Contreras
Para Juan Guillermo Tornoe escribir en su blog no es sólo parte de la rutina diaria: es un compromiso.
"Todas las noches, cuando la familia se duerme, me pongo a trabajar en mi blog", dice Tornoe, guatemalteco avecindado en Austin, Texas, y creador del blog Hispanic Trending. "Los blogs dan más información a las personas, dan acceso a muchas cosas que regularmente no se cubren en los medios convencionales."
Y es que con el incremento en el número de usuarios hispanos de Internet, se viene también una crecida en la diversidad de voces sonando desde el ciberespacio a través de blogs o bitácoras en la red.
De acuerdo al estudio "The AOL Latino 2006 Hispanic Cyberstudy" hasta hace seis meses navegaban en la Internet más de 16 millones de Latinos. De estos, el 52 por ciento lee o escribe en estos blogs, hecho que, según Tornoe fomenta "la libre expresión de pensamientos y sirve para tener un diálogo".
Y es que en la red se hallan las más variadas opiniones y, como dice el mismo Tornoe, "la gente encuentra la información que está buscando".
Aunque no hay un censo de los blogs hispanos que existen en la actualidad, se ha visto un florecimiento de estas bitácoras que hablan desde cuestiones personales hasta temas políticos y de actualidad. Pero el bloguer latino aún se encuentra dando sus primeros pasos y, a la par de este inicio, hay quienes ya están fijando sus ojos en el potencial que este creciente mercado tiene.
Pero el mercado hispano, tal y como sus blogs reflejan, no es tan fácil de entender ni de alcanzar. Cifras dadas a conocer en los reportes "Latinos Online" y "Bloggers: A portrait of the internet's new storytellers", elaborados por el Pew Internet and American Life Project, revelan que aún entre la gran masa hispana que sólo habla español en Estados Unidos, compuesta en su mayoría por inmigrantes mexicanos, apenas una de cada tres personas usan la Internet, alejándolos así de cualquier participación en la denominada "democracia digital".
Esta situación se ve íntimamente relacionada, dice el estudio, con bajos niveles de educación, poco o nulo manejo del inglés y la falta de familiaridad que tienen los hispanos mayores de 60 años con las nuevas tecnologías.
Además, según los estudios, los hispanos representan apenas un 20 por ciento entre quienes escriben blogs, cifra que pudiera ir en aumento a la par del crecimiento de los canales hispanos en la red. Se espera que para el fin de esta década los hispanos en línea sobrepasen los 20 millones de usuarios.
Para atacar esta problemática, ya hay quienes han puesto sus ojos en el reto que esto representa. Actualmente la empresa de Internet AOL Latino cuenta con 25 blogs hispanos habilitados.
"Estamos añadiendo blogs cada semana porque hay interés, hay entusiasmo, hay reacciones inmediatas en cuanto se publican temas", dijo Miguel Ferrer, director programación de AOL Latino. "Los temas van desde la política hasta recetas de cocina".
Dijo que entre las motivaciones para abrir estos espacios se "reconoce el potencial del mercado hispano y eleva la voz de la comunidad a la par de la editorial de muchas empresas noticiosas, aunque aún quedarán aspectos en los que los expertos seguirán siendo la fuente principal de información".
Pero hay para quienes esta apertura de los medios tradicionales hacia las nuevas tecnologías no resulta más que una estrategia de mercado y no un vehículo desarrollado para fomentar el diálogo social.
"Generalmente las empresas del mainstream se enfocan en el entretenimiento porque pueden vender espacios publicitarios y orientándose en los adolescentes", dijo Maegan "La Mala" Ortiz, editora de la costa este del blog informativo VivirLatino.com y blogger de la bitácora independiente MamitaMala.com. "La blogosfera ha crecido en los últimos tres años, pero, como en el mundo real, los latinos siguen siendo una minoría".
Con la experiencia ya de publicar su propio contenido y de colaborar para VivirLatino.com, Ortiz señala que actualmente "hace falta un análisis crítico de temas sociales. Y, cuando éste se da, los corporativos noticiosos los filtran y no se realiza la labor necesaria para alcanzar al público que requiere esta información".
El punto en que los entrevistados coinciden es que, de una manera u otra, estos medios alternativos complementan y ayudan a los sistemas noticiosos a darse cuenta que el público está opinando, lo que a final de cuentas pudiera propiciar una sociedad mejor informada.
"Todas las noches, cuando la familia se duerme, me pongo a trabajar en mi blog", dice Tornoe, guatemalteco avecindado en Austin, Texas, y creador del blog Hispanic Trending. "Los blogs dan más información a las personas, dan acceso a muchas cosas que regularmente no se cubren en los medios convencionales."
Y es que con el incremento en el número de usuarios hispanos de Internet, se viene también una crecida en la diversidad de voces sonando desde el ciberespacio a través de blogs o bitácoras en la red.
De acuerdo al estudio "The AOL Latino 2006 Hispanic Cyberstudy" hasta hace seis meses navegaban en la Internet más de 16 millones de Latinos. De estos, el 52 por ciento lee o escribe en estos blogs, hecho que, según Tornoe fomenta "la libre expresión de pensamientos y sirve para tener un diálogo".
Y es que en la red se hallan las más variadas opiniones y, como dice el mismo Tornoe, "la gente encuentra la información que está buscando".
Aunque no hay un censo de los blogs hispanos que existen en la actualidad, se ha visto un florecimiento de estas bitácoras que hablan desde cuestiones personales hasta temas políticos y de actualidad. Pero el bloguer latino aún se encuentra dando sus primeros pasos y, a la par de este inicio, hay quienes ya están fijando sus ojos en el potencial que este creciente mercado tiene.
Pero el mercado hispano, tal y como sus blogs reflejan, no es tan fácil de entender ni de alcanzar. Cifras dadas a conocer en los reportes "Latinos Online" y "Bloggers: A portrait of the internet's new storytellers", elaborados por el Pew Internet and American Life Project, revelan que aún entre la gran masa hispana que sólo habla español en Estados Unidos, compuesta en su mayoría por inmigrantes mexicanos, apenas una de cada tres personas usan la Internet, alejándolos así de cualquier participación en la denominada "democracia digital".
Esta situación se ve íntimamente relacionada, dice el estudio, con bajos niveles de educación, poco o nulo manejo del inglés y la falta de familiaridad que tienen los hispanos mayores de 60 años con las nuevas tecnologías.
Además, según los estudios, los hispanos representan apenas un 20 por ciento entre quienes escriben blogs, cifra que pudiera ir en aumento a la par del crecimiento de los canales hispanos en la red. Se espera que para el fin de esta década los hispanos en línea sobrepasen los 20 millones de usuarios.
Para atacar esta problemática, ya hay quienes han puesto sus ojos en el reto que esto representa. Actualmente la empresa de Internet AOL Latino cuenta con 25 blogs hispanos habilitados.
"Estamos añadiendo blogs cada semana porque hay interés, hay entusiasmo, hay reacciones inmediatas en cuanto se publican temas", dijo Miguel Ferrer, director programación de AOL Latino. "Los temas van desde la política hasta recetas de cocina".
Dijo que entre las motivaciones para abrir estos espacios se "reconoce el potencial del mercado hispano y eleva la voz de la comunidad a la par de la editorial de muchas empresas noticiosas, aunque aún quedarán aspectos en los que los expertos seguirán siendo la fuente principal de información".
Pero hay para quienes esta apertura de los medios tradicionales hacia las nuevas tecnologías no resulta más que una estrategia de mercado y no un vehículo desarrollado para fomentar el diálogo social.
"Generalmente las empresas del mainstream se enfocan en el entretenimiento porque pueden vender espacios publicitarios y orientándose en los adolescentes", dijo Maegan "La Mala" Ortiz, editora de la costa este del blog informativo VivirLatino.com y blogger de la bitácora independiente MamitaMala.com. "La blogosfera ha crecido en los últimos tres años, pero, como en el mundo real, los latinos siguen siendo una minoría".
Con la experiencia ya de publicar su propio contenido y de colaborar para VivirLatino.com, Ortiz señala que actualmente "hace falta un análisis crítico de temas sociales. Y, cuando éste se da, los corporativos noticiosos los filtran y no se realiza la labor necesaria para alcanzar al público que requiere esta información".
El punto en que los entrevistados coinciden es que, de una manera u otra, estos medios alternativos complementan y ayudan a los sistemas noticiosos a darse cuenta que el público está opinando, lo que a final de cuentas pudiera propiciar una sociedad mejor informada.
03 May 2007
No la chingues, Lourdes
Apenas escuchaban ruidos y pensaban que alguien ya había dado con ellos. Tras cuatro noches de estarse escondiendo en la sierra él sentía que sus pies quemaban y no andarían un paso más, pero ella insistía en que aún podían perderlos.
"No... No nos van a dejar ir", le dijo.
"¿Quieres que nos entreguemos, entonces?" ella le gruñó.
Se encogió de hombros y siguió sobándose los pies pensando en que era imposible que los Salvárcar les perdieran el rastro, menos con lo que atraparlos significaba para ellos. A los Salvárcar les estaban pagando dinero pesado y tenían fama de siempre cobrar y recibir un extra por su dedicación al oficio de balacear gente. Por eso él pensaba que ya no tenía caso seguir, pero le daba gusto hacerse a la idea de que al menos los Salvárcar se estaban cansando al perseguirlos. Ella no hacía más que mirar a la luna sentada a la orilla de esa depresión que los ocultaba en el llano, inconveniente sólo si se pensaba que él y ella no verían si alguien se acercaba a buscarlos ahí abajo.
"Lourdes, te toca dormir, ¿no?" le preguntó.
"Si, pero no tengo sueño. Duérmete tú", contestó sin dejar de mirar al cielo. "Quiero verla ahora que está en menguante... Apenas da luz".
Él tampoco quería dormir. Además la sobada de pies lo tranquilizaba por momentos solamente. Tan pronto cesaba el masaje reaparecía la sensación de brasas quemando hasta las pantorrillas y así era difícil dormir o siquiera descansar. Sólo se recostó en la tierra y comenzó a pensar en nada.
"¿Crees que se haya encabronado el viejo?", ella le preguntó sin bajar la vista. "¿Qué harías tú si volaran tu carretera de millones de dólares?", contestó. "Al cabrón le metieron harto billete para que les pusiera una carretera para mover toda la coca y no contaba con que íbamos a volarle el pedazo ese con todo y pinche puente".
Ella rió levemente y después volteó a verlo. "¿Cómo se te ocurrió ponerle la bomba al tractor?"
"No sé... sólo pensé que lo iban a dejar pasar sin revisarlo y mira...", le dijo y se sonrió con ella. Se quedaron en silencio viéndose como a punto de confesarse algo bien íntimo. Pero ninguno se animó. Él se recostó frotándose los muslos, pensando en lo que habían sido los últimos cuatro días a lado de Lourdes, la de ojos negros y voz suave; la que se había ofrecido a guiarlo en su fuga a través de la sierra, escape que, al verlo detenidamente, pensó, parecía ir sólo dando vueltas bajo ese cielo estrellado y negro que los había ocultado de los Salvárcar las últimas cuatro jornadas. Pensó en lo que esperaba en casa, en llevar a Lourdes a tomar cerveza y después hablar por horas bajo una noche como esta en la que no huirían pero estarían juntos hablándose de la escabullida, de alguna película, de su dolor en los pies y de lo que ella pensaba cada vez que sólo se le quedaba viendo y parecía que le iba a decir algo pero se lo callaba todo, justo como pasaba en ese momento en el que los dos callaban y miraban al cielo para no verse directamente al cuerpo.
Se distrajeron al creer escuchar el aullido de un coyote, pero los gritos confirmaron que los Salvárcar andaban cerca, casi encima de ellos. Ella lo miró con los ojos reventando de miedo, de pesar. Él se enfrió en sus huesos pero al verla supo que sólo él podía decir lo que se iba a hacer. "Espérame aquí; voy a ver qué tan cerca andan", le dijo. "No, no me dejes aquí..." suplicó ella cuando él ya iba subiendo por las piedras y la arena. Llegó arriba y vio que todo era la oscuridad de la noche. El viento pasó bañándolo de polvo y acercando el sonido de las voces y el aullido de los perros. Se limpió los ojos y vio un fulgor alzándose a la distancia. Volteó a decirle que estaban demasiado cerca, sobre ellos. "Vamos a movernos de aquí que ahí vienen ya", dijo en un suspiro forzado, evitando que un grito los delatara con las luces que ya se acercaban. Y los perros ladrándole a la luna. Y él bajando lo más rápida y lo más cuidadosamente que se podía. "Ahí vienen... Vente, vámonos por acá...", dijo en un susurro apresurado mientras se deslizaba entre piedras y un poco de arena. Llegó abajo y pensó que aún no había descendido lo suficiente porque repitió su orden en una voz casi normal y nadie le respondía. Caminó en círculos torpes, buscando sin saber qué encontrar pero esperando que ella estuviera ahí. Quiso ver a la luna pero se la habían tragado las nubes. No le quemaban ya los pies. Se supo abandonado gracias a las luces de los Salvárcar que abrieron fuego al verlo parado solo al fondo de esa depresión.
"No... No nos van a dejar ir", le dijo.
"¿Quieres que nos entreguemos, entonces?" ella le gruñó.
Se encogió de hombros y siguió sobándose los pies pensando en que era imposible que los Salvárcar les perdieran el rastro, menos con lo que atraparlos significaba para ellos. A los Salvárcar les estaban pagando dinero pesado y tenían fama de siempre cobrar y recibir un extra por su dedicación al oficio de balacear gente. Por eso él pensaba que ya no tenía caso seguir, pero le daba gusto hacerse a la idea de que al menos los Salvárcar se estaban cansando al perseguirlos. Ella no hacía más que mirar a la luna sentada a la orilla de esa depresión que los ocultaba en el llano, inconveniente sólo si se pensaba que él y ella no verían si alguien se acercaba a buscarlos ahí abajo.
"Lourdes, te toca dormir, ¿no?" le preguntó.
"Si, pero no tengo sueño. Duérmete tú", contestó sin dejar de mirar al cielo. "Quiero verla ahora que está en menguante... Apenas da luz".
Él tampoco quería dormir. Además la sobada de pies lo tranquilizaba por momentos solamente. Tan pronto cesaba el masaje reaparecía la sensación de brasas quemando hasta las pantorrillas y así era difícil dormir o siquiera descansar. Sólo se recostó en la tierra y comenzó a pensar en nada.
"¿Crees que se haya encabronado el viejo?", ella le preguntó sin bajar la vista. "¿Qué harías tú si volaran tu carretera de millones de dólares?", contestó. "Al cabrón le metieron harto billete para que les pusiera una carretera para mover toda la coca y no contaba con que íbamos a volarle el pedazo ese con todo y pinche puente".
Ella rió levemente y después volteó a verlo. "¿Cómo se te ocurrió ponerle la bomba al tractor?"
"No sé... sólo pensé que lo iban a dejar pasar sin revisarlo y mira...", le dijo y se sonrió con ella. Se quedaron en silencio viéndose como a punto de confesarse algo bien íntimo. Pero ninguno se animó. Él se recostó frotándose los muslos, pensando en lo que habían sido los últimos cuatro días a lado de Lourdes, la de ojos negros y voz suave; la que se había ofrecido a guiarlo en su fuga a través de la sierra, escape que, al verlo detenidamente, pensó, parecía ir sólo dando vueltas bajo ese cielo estrellado y negro que los había ocultado de los Salvárcar las últimas cuatro jornadas. Pensó en lo que esperaba en casa, en llevar a Lourdes a tomar cerveza y después hablar por horas bajo una noche como esta en la que no huirían pero estarían juntos hablándose de la escabullida, de alguna película, de su dolor en los pies y de lo que ella pensaba cada vez que sólo se le quedaba viendo y parecía que le iba a decir algo pero se lo callaba todo, justo como pasaba en ese momento en el que los dos callaban y miraban al cielo para no verse directamente al cuerpo.
Se distrajeron al creer escuchar el aullido de un coyote, pero los gritos confirmaron que los Salvárcar andaban cerca, casi encima de ellos. Ella lo miró con los ojos reventando de miedo, de pesar. Él se enfrió en sus huesos pero al verla supo que sólo él podía decir lo que se iba a hacer. "Espérame aquí; voy a ver qué tan cerca andan", le dijo. "No, no me dejes aquí..." suplicó ella cuando él ya iba subiendo por las piedras y la arena. Llegó arriba y vio que todo era la oscuridad de la noche. El viento pasó bañándolo de polvo y acercando el sonido de las voces y el aullido de los perros. Se limpió los ojos y vio un fulgor alzándose a la distancia. Volteó a decirle que estaban demasiado cerca, sobre ellos. "Vamos a movernos de aquí que ahí vienen ya", dijo en un suspiro forzado, evitando que un grito los delatara con las luces que ya se acercaban. Y los perros ladrándole a la luna. Y él bajando lo más rápida y lo más cuidadosamente que se podía. "Ahí vienen... Vente, vámonos por acá...", dijo en un susurro apresurado mientras se deslizaba entre piedras y un poco de arena. Llegó abajo y pensó que aún no había descendido lo suficiente porque repitió su orden en una voz casi normal y nadie le respondía. Caminó en círculos torpes, buscando sin saber qué encontrar pero esperando que ella estuviera ahí. Quiso ver a la luna pero se la habían tragado las nubes. No le quemaban ya los pies. Se supo abandonado gracias a las luces de los Salvárcar que abrieron fuego al verlo parado solo al fondo de esa depresión.
02 May 2007
Maestros en la lucha
Ciudad Juárez--Más de mil maestros protestaron ayer la reforma a la ley del ISSTE, bloqueando Avenida Juárez a la altura del acceso del puente internacional que comunica a esta ciudad chihuahuense con El Paso, Texas.
Los docentes gritaban consignas y cargaban pancartas en contra de Elba Esther Gordillo, líder moral del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, y del Felipe Calderón, presidente de México.
"Esta reforma transgrede los derechos laborales que por ley nos corresponden", dijo Juan Varela, maestro y vocal de los manifestantes que ayer se plantaron por más de tres horas frente al acceso al puente internacional.
"Los congresistas aprobaron esto de manera tramposa y altanera, dejando de lado a la clase trabajadora que apenas sobrevive con lo que gana", agregó Varela.
Esta manifestación se unió a las demás movilizaciones que se dieron a nivel nacional en reclamo a los cambios que, entre otras cosas, afectan el sistema de pensiones del magisterio,
Calles y avenidas aledañas a la zona de la protesta se vieron congestionadas ante la imposibilidad de que vehículos accesaran al cruce internacional.
Elementos de las policías federal y municipal observaban las acciones de los manifestantes, sin que se dieran enfretamientos entre ellos y los profesores.
"Nosotros como autoridad solamente vigilamos que no se presenten incidentes y resgurdamos la seguridad de las personas ", dijo Navil Buchaín Glaván, inspector general de la Policía Federal Preventiva en esta localidad.
Aunque el inspector no quiso informar el número de agentes laborando en la protesta, si desestimó que los manifestantes reunidos sumaran más de 700 inconformes.
Pero este cálculo oficial se podía desmentir a simple vista, ya que el aglutinamiento de personas ocupaba por lo menos seis cuadras de la avenida.
Ante la posible inconformidad y críticas que estos movimientos pudieran generar entre padres de familia y sociedad en general, algunos de los manifestantes reunidos aseguraron que la gente los apoya por que su causa es "justa".
"Las padres de familia están de acuerdo con nuestros reclamos," dijo la maestra de pre-escolar Ileana Porras, de 45 años.
Y esto porque, según dijo, "esto (la reforma) roba nuestras garantías laborales y si no lo arreglan seguiremos en la lucha".
Autoridades norteamericanas cerraron el puente internacional Paso del Norte y movilizaron a un gran número de agentes federales y de la policía de El Paso, quienes sólo permanecieron en la cima del puente como expectadores a la distancia de la inconformidad al sur de su frontera.
Justo al medio día los docentes se retiraron en calma, mientras por los altavoces se pedía calma y no hacer caso a las posibles provocaciones para no "manchar" la protesta.
Los docentes gritaban consignas y cargaban pancartas en contra de Elba Esther Gordillo, líder moral del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, y del Felipe Calderón, presidente de México.
"Esta reforma transgrede los derechos laborales que por ley nos corresponden", dijo Juan Varela, maestro y vocal de los manifestantes que ayer se plantaron por más de tres horas frente al acceso al puente internacional.
"Los congresistas aprobaron esto de manera tramposa y altanera, dejando de lado a la clase trabajadora que apenas sobrevive con lo que gana", agregó Varela.
Esta manifestación se unió a las demás movilizaciones que se dieron a nivel nacional en reclamo a los cambios que, entre otras cosas, afectan el sistema de pensiones del magisterio,
Calles y avenidas aledañas a la zona de la protesta se vieron congestionadas ante la imposibilidad de que vehículos accesaran al cruce internacional.
Elementos de las policías federal y municipal observaban las acciones de los manifestantes, sin que se dieran enfretamientos entre ellos y los profesores.
"Nosotros como autoridad solamente vigilamos que no se presenten incidentes y resgurdamos la seguridad de las personas ", dijo Navil Buchaín Glaván, inspector general de la Policía Federal Preventiva en esta localidad.
Aunque el inspector no quiso informar el número de agentes laborando en la protesta, si desestimó que los manifestantes reunidos sumaran más de 700 inconformes.
Pero este cálculo oficial se podía desmentir a simple vista, ya que el aglutinamiento de personas ocupaba por lo menos seis cuadras de la avenida.
Ante la posible inconformidad y críticas que estos movimientos pudieran generar entre padres de familia y sociedad en general, algunos de los manifestantes reunidos aseguraron que la gente los apoya por que su causa es "justa".
"Las padres de familia están de acuerdo con nuestros reclamos," dijo la maestra de pre-escolar Ileana Porras, de 45 años.
Y esto porque, según dijo, "esto (la reforma) roba nuestras garantías laborales y si no lo arreglan seguiremos en la lucha".
Justo al medio día los docentes se retiraron en calma, mientras por los altavoces se pedía calma y no hacer caso a las posibles provocaciones para no "manchar" la protesta.
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